23 ene. 2010

Fefita ladelcastillo

Durante toda su vida mi madre trabajó como una perra.
Allá por los años setenta y poco trabajaba de camarera de pisos limpiando apartamentos en el sur de la isla. Libraba los miércoles. Ese día, desde muy temprano, todas las liñas de la tremenda azotea que teníamos se llenaban de ropa tendida, y la casa, antes de que yo me fuera a la escuela, ya olía a potaje de berros, rehogado de judías o pollo en salsa. Ese, además, por ser su día libre, era el día que se encargaba de cuidar de su madre “que tenía algo malo” (no se pronunciaba la palabra cáncer) y de su padre que empezaba a tener las primeras pérdidas de memoria.

Trabajaba con ella: Fefita ladelcastillo.

Debía ser que en el trabajo no tenían tiempo de hablar, por lo que, los miércoles por la tarde, cuando Fefita terminaba de trabajar, en vez de quedarse en el Castillo del Romeral (que era donde ella vivía), se venía en la guagua del personal hasta Vecindario. Raro era el miércoles que no llegaba a mi casa cargada con bolsas con comida, protectores solares y alguna que otra sombrilla que los "suecos" dejaban a su partida.
Fefita lo soltaba todo y se sentaba en el sofá. Durante un buen rato mi madre se sentaba junto a ella y hablaban. A veces Fefita iniciaba alguna conversación y mi madre le decía: -“es que hay ropa tendida”. Y me mandaban a hacer “un buchito de café.”

Con el tiempo descubrí que la expresión “hay ropa tendida” significaba que había alguien delante que no debía escuchar lo que decían y por eso mi madre me mandaba a la cocina.

A mí, Fefita ladelcastillo, me gustaba. Mi madre era de trabajar mucho y de tener poca vida social pero cuando venía su amiga,  era otra; hablaban todo el rato, al principio de trabajo y penas, al final siempre reían.

Desde la cocina yo ponía oídos. Fefita le contaba “cosas” que le pasaban con su marido y yo escuchaba a mi madre entre dientes decir “hijolagranputa,lamadrequeloparió,asílopartaunrayo…”

Sólo en una ocasión, que yo recuerde, se enfadaron; y fue un miércoles por la tarde que después de mandarme a mí -la ropa tendida- a hacer el café, mi madre le preguntó: “¿Y cómo está el sinvergüenza de tu marido? A lo que Fefita recogiendo las bolsas que contenían lo que los clientes le habían dejado, respondió: “¡tú perdona, Lala, pero a mi marido lo insulto yo!”.

Aquel fue el primer día que tomé café.

23 comentarios:

  1. jajajaja qué lindo, Glora, qué lindo!! Y qué real, tan cercano a lo que viví. Por cierto, no habré conocido yo a Fefita?? Seguro!

    Un día, que no tengas ropa tendida, nos sentamos tú y yo a contarnos nuestras cosas o a que me cuentes los detalles del sinvergüenza del marido de Fefita jajaja.

    Un beso!

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  2. jajaja... preciosa historia y narrada con mucho amor. El nombre de fefita es muy curioso... me apunto a la tertulia, si no hay inconveniente.

    Un beso para las dos, glora y morgana de mis amoresssssssssss

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  3. a mi también se me antoja una tertulia de esas que se tienen cuando no hay ropa tendida, aunque sea para hablar del marido de fefita. Y si hacemos tamales? en México las mejores tertulias se llevan a cabo en torno a una mesa de la cocina cuando un grupo de mujeres se pone a hacer tamales...

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  4. La ropa tendida se acababa enterando de todo, hasta de lo del marido, que sólo la fefita tenía derecho a insultarlo. Me ha encantado esta historia.

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  5. Muy bien narrado, enhorabuena.. me ha gustado mucho y me ha recordado a mi infancia, esas vecinas en torno al café y las conversaciones de las madres... yo era la encargada de hacer café, porque supuestamente me quedaba bueno.. es todavía mi única adicción..saludos

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  6. jajajjaa, muy bueno, real como la vida misma.

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  7. Genial narración y portentoso final,¡me resuena!.

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  8. Me ha encantado la historia y como la has contado. Jajajajaja, el final es imponente.

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  9. Una historia entrañable y muy bien narrada. Me he añadido a tus seguidores para estar al tanto de tus actualizaciones.

    Un fuerte abrazo

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  10. La historia es excelente y real como la vida misma. Yo también era ropa tendida.

    Un beso

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  11. Todos hemos sido un poco ropa tendida, no??
    Ay! el cafe, y los desahogos...
    Buenisima historia!

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  12. Pues si cambias Fefita por Josefa,lo mismito con mi madre y su amiga.... ah, y en vez de café yo ponía infusiones, bizcocho.....pero creo que enseguida dejé de ser "ropa tendida".
    Lenteja

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  13. Muy real esa historia, y muy bien narrada.
    El final buenísimo.

    Un saludo.
    noche

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  14. qué bonito relato, y lo mejor es que se lee precioso y no suena a ficción!! un besote

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  15. Precioso relato, Glora, con el encanto de esos recuerdos que nos han hecho lo que somos.
    Ahora bien, una cosa sí que te digo, entiendo perfectamente la reacción de Fefita :D

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  16. Mil gracias por este relato lleno de verdad y de nostalgia. Pude saborear el primer trago de cafe y el olor humeante emanado de tan sabrosa bebida! Tambien aprecio La belleza de su nombre: Gloria, igual que mi madre...

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  17. Juaaaaaaa, jua,jua... muy bueno.. jajaja.. buenísimo... Así es la vida muchas veces.

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  18. Huuuy! me recuerda un episodio similar que tuve una vez.
    Me gustó encontrar este espacio. Muchas veces pasa que hay una Fefita que despotrica contra su marido, su novio, su mejor amiga, etc, pero cuando uno agrega algo que no le gustó o se pliega al comentario nos come cruda, por eso es mejor tener 4 oidos y una sola boca.
    Un abrazo, desde San Pedro, Buenos Aires, Argentina
    Matilde Carreras

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  21. Rxcelente texto. Digno de LaVentana de Millás.

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