8 abr. 2009

No es casual. Es curativo.

Estos últimos días he estado buscando “algo”, no sé bien el qué. En el proceso siempre se gana y se pierde...
La he tomado con el blog y le he cambiado media docena de veces la plantilla. Algunas son muy bonitas pero luego no te permiten utilizar las opciones avanzadas de Blogger para hacer cambios sencillos, por lo que, como diría mi madre, “no meritan la pena”. Finalmente he dejado la que tenía; echaba de menos a mis avejentadas y felices Thelma y Louise.
Cuando conocí a Lena hablamos de mi casi continua necesidad de cambios, de mis búsquedas… yo sé que no son fruto de la casualidad, nada lo es…
Buscando otro fondo para el blog encontré uno que me hizo recordar un episodio de mi niñez especialmente jodido.
Se trataba de una pared de azulejos blancos y azules. Eran parecidos a los que fueron colocados en la galería de la casa de mis padres para aislarnos de la humedad.
Yo era pequeña, cinco o seis años, creo. Era de noche. Mi madre me sacó de la cama, me vistió, me cogió de la mano y me llevó en volandas hasta la carretera general para coger un taxi. Llovía. No había taxis a aquella hora y tocó en la casa de mi hermana la mayor. Su marido, mi cuñado, nos llevó en su coche naranja a un establecimiento que a esa hora, lógicamente, estaba cerrado. Mi madre dio un par de golpes en una puerta grande de garaje. Estábamos en una ferretería. Un señor abrió una puerta pequeña que había en medio de la puerta grande. Eso me gustó.
Necesito que me dé las cajas de azulejos que me sobraron y que le traje esta mañana –dijo mi madre.
Llegamos a mi casa. Las cajas de azulejos pesaban, yo no entré ninguna. Mi madre dejó las cajas al lado de la cama en la que estaba acostado mi padre. No entendía a qué venía aquella bronca.
Aquel día descubrí que no dormían juntos. A la noche siguiente vigilé las habitaciones, volvieron a dormir separados. A la otra también vigilé. Después, nunca más lo hice.

No me gustan las paredes con azulejos... no es una casualidad. Las casualidades no existen.

8 comentarios:

  1. A mi me ocurre con los papeles... incluidas las cenefas... En las paredes... no me gustan nadita.

    abrazo, y mis mejores deseos... que cuarenta y cuatro, no son nada. ;-)

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  2. Para casi todas las cosas hay una explicación.

    Sabes qué pasó después con esos azulejos??

    Besos!!

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  3. No, Morgana, no tengo ni idea...

    Gracias Benito por tus buenos deseos...44 es un nº bonito...

    Besos a los dos!

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  4. Glorita, tus cambios en el blog me dejan envidiosa perdida, no sé hacerlos y tengo un blog que parece ya un fósil. De todas formas, me gustan las dos mujeres conduciendo, me dan buen rollo. Un abrazo grande sin azulejos azules.

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  5. Marcela, mi niña, si quieres que te ayude a ponerle la cara guapa a tu blog no tienes más que decírmelo! Echa un vistazo al enlace que he puesto en el mío, tiene unas plantillas preciosas!
    Besos, corazón!

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  6. Vaya, me he quedado pensativa y conmovida.

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  7. No, no hay casualidades. Ni "fobias" gratuitas. Todo, todo, tiene una razón de ser, y la mayoría de las "razones" está en la infancia.
    Me ha conmovido tu relato de los azulejos, Glora. ¡Qué terrible descubrimiento para una niña de seis años!
    Un abrazo fuerte.

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  8. Preciosa Glora, siempre me conmueves... estamos tan conectadas!!!
    Me he alegrado de volver a ver a las Thelma y Louise entraditas en años, son estupendas.
    En cuanto a los cambios, déjalos fluir, recuerda que a lo que te resistes, persiste.
    Tú eres una mujer tan grande que incluso al poner el pronombre "tú" mi teclado se ha arreglado y ya puedo poner tildesssssssssssssssssssssssssssssssss, yujuuuuuuu

    Tú, tú, tú, tú, tú...... (pues funcionaaaaa)

    Un abracito intenso y cálido para mi Glora preciosa (y para el resto de familia humana y perruna)

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