22 nov. 2008

Terapia

De padres va la cosa...

El padre de mi hijo llega otra vez tarde. Al chiquillo parece no importarle que se retrase, se limita a alargar las horas de juego y sólo se viste y prepara su macuto cuando oye el timbre del telefonillo. Reconozco que estos retrasos de su padre me desquician, ya que no empiezo a sentir que el tiempo del sábado nos pertenece hasta que no estoy sola en casa.

Mi padre y mi madre, aunque habría sido lo mejor, supongo, nunca llegaron a divorciarse.
Se turnaban para necesitar utilizar las estancias de la casa. Se limitaron a no tener apetito a las mismas horas del día; a no desear disfrutar de las mismas personas o cosas a la vez; a no tener nada que decirse el uno al otro, (y si algo encontraban, lo hacía yo).

Mi madre era la mujer más trabajadora, sacrificada y valiente que he conocido. Compartía con mi hermana la mayor la responsabilidad de ser nuestra madre. Mi padre se ocupaba de él mismo que, según decía mi madre, no era poco. Los defectos de mi madre, me los mostró ella misma. Los de mi padre, ella también. Mi madre (siempre queriendo protegerme) así lo presentó: “cuidado con tu padre, es malo, tenle miedo…”

Mi padre tenía una navaja en el bolsillo de su pantalón. Con ella le sacaba punta a mis lápices de colores y, también, cuando me quedaba sin gomas de borrar porque me las comía, (¡qué buenas estaban las Milán!), me las hacía con migas de pan.

Después de la siesta, cuando ya se iba a la plaza o al club de mayores a jugar al dominó, me colaba en su habitación. Encima de su cama quedaban a veces monedas escapadas de sus bolsillos, monedas que yo gastaba, rauda y veloz, en golosinas; aprovechaba también para revolver entre sus papeles, muchas veces encontré poemas de amor…

Vivió en blanco y negro y, en blanco y negro murió un día de septiembre de hace... unos quince años... (mi memoria, superviviente, se cierra en banda, se niega, ante según qué recuerdos).

Soy quién soy, por lo que me dio, y por lo que no.
Lo hizo lo mejor que sabía. Lo mejor que podía. Y después de llorarle hoy otra vez, me quedo mucho más tranquila.

Le quiero.

12 comentarios:

  1. Glora, me has emocionado! no sólo por lo de tu padre, sino por recordarme el olor a fresa de las gomas de borrar...

    ojalá pudiera volver a oler!!! y volver a llorar a mi padre.

    un abrazo isleño con mucho cariño para ti y para toda la family

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  2. holas! que lindo post!! me hizo viajar a mi propio pasado...eso de tu papa sacando punta a tus lapices!!! me encantoo

    besotes

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  3. Tremendo post. Sí, es pura terapia. Yo no tengo valor de escribir un post así.

    Un beso

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  4. Tú lo has dicho, somos lo que somos, para bien o para mal, gracias a ellos. Los míos, aunque debieron, tampoco lo hicieron. Nosotras hemos tenido que aprender de sus errores.

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  5. Todas las personas lo hacemos todo lo mejor que podemos, y sabemos. Sin embargo, bien sabemos que las buenas intenciones no bastan, y que la ignorancia no exime de culpa. Por l padre de tu hijo, lo digo.
    Sobre el tuyo, qué bien que lo haya colocado, que no te hayan pesado para siempre las percepciones de tu madre.
    Delicado papel, te queda, como madre.

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  6. Echar de menos a los que nos faltan es precisamente una de las cosas más inherentes al ser humano. Este post te hace muy humana. Ser lo que se es gracias a los que te tuvieron, en este caso incluso, me parece loable.

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  7. Sin palabras, compañera. Un abrazo fuerte y todo lo que me sale ahora, contenido, te lo cuento cuando nos veamos.

    Muchos besos!

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  8. Ay, qué bueno es llorar a nuestros seres queridos que no están, es una terapia perfecta. Un beso enorme.

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  9. pues yo me encuentro todavia en la primera parte de tu historia, en la de dos que se tenian que haber separado hace mucho y para los que ahora ya es demasiado tarde. Dos que hasta ahora (que ella está enferma) vivian seis meses juntos y seis separados y se querían más el medio año que no se veían... y todavia le tengo a él miedo y rabia, asi que hasta llegar donde estas tu... un largo camino por recorrer! besos emocionados

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  10. YO lloraría... pero ya no me quedan lágrimas por llorar. Mi padre nunca ha querido verme y hace más de 25 años que ellos no se ven. Y mi madre, como si no lo fuera. Cuando envidio que puedas añorar a tu padre.
    Un abrazo gallego, con toda el alma.

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  11. Nuestras experiencias hacen de nosostros lo que somos y nuestros padres no lo hicieron ni bien ni mal, lo hicieron que ya es bastante...besitos.

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