22 ago. 2008

Sana, sano, a salvo.

A mi niña, a mi niño... mis soles...




Ya no me siento feliz de tener unos días para mi sola. El miedo y la felicidad son incompatibles. Quiero que ya estés aquí, traerte desde el aeropuerto respetando las señales de tráfico o que suene el timbre, y me digas por el telefonillo que eres tú, y que te sienta, sana, sano, a salvo. Quiero darte las buenas noches, apagar la luz de tu habitación antes de acostarme, hacerte un hueco en mi cama, a ti y a tu pesadilla. Quiero escucharte. Quiero hacer la comida en calderos grandes, y poner, hasta mil veces, la lavadora. Quiero dejar de vivir este momento, que el tiempo pase, que ya hayas llegado, que el miedo de perderte se esfume, que el miedo a la muerte se marche,  porque esto no es vida.

7 comentarios:

  1. El miedo muchas veces nos paraliza y sobre todo cuando se refiere a personas queridas. Ojalá que tu gente esté pronto contigo y sigáis disfrutando de la vida en común. De todas formas, que estuvieras feliz de estar sola era normal, preciosa, a mí me pasa todos los días.

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  2. Hay que aprender a vivir con el miedo, a hacerlo nuestro aliado. Que el miedo también es necesario, como la soledad y el mar.

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  3. Y si no quiere irse, échalo a cajas destempladas, que el miedo no entiende de sutilezas.
    De todas formas, estoy con Marcela, es normal querer disfrutar de unos días de soledad, aunque sean unos poquitos.

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  4. ayss... tus hijos tienen que estar muy orgullosa de ti!! :)

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  5. Seguro que ese miedo se puede racionalizar, es más fácil para vivir.

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  6. Ánimo y optimismo Glora... Veras que el tiempo es un suspiro

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  7. Miedo. Aeropuertos. Te entiendo. A mi también me pasa.
    Un abrazo grande para compensar lo que es incompensable.

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