29 jul. 2007

"Mi" playa



Ojalá viviera a cincuenta metros de una playa nudista para no tener un biquini blanco pegado, permanentemente, al cuerpo. (No me gusta conducir en verano).

Vivo a cincuenta metros de una playa de pueblo, de esas a la que normalmente vienen pocos turistas de ojos azulados y rubias cabelleras.

A ella vamos las personas que vivimos por aquí cerca, nuestros familiares y amigos. Al principio me era difícil reconocer al bombonero que paseaba todo chulo él por la orilla sin la bombona de gas al hombro, o a la charcutera del supermercado de al lado, sin el gorrito horrible que se ponen para que no caigan pelos en el jamón.

En verano normalmente bajo a media tarde. Antes de salir ya mis hermanas y yo hemos decidido adónde dirigirnos ese día: delante de la casa embrujada si no hace viento; al zoco si hay oleaje o en la cuarta farola, si lo que queremos es estar mucho rato ya que allí no hay edificios que le hagan sombra a los rayos del sol.

Me gusta esta playa, la conozco. Tal vez la conozco y por eso me gusta.

Algunas veces llevo una hamaca y entonces parezco una reina entre mis hermanas. Ellas tienden la toalla encima de las rocas. Otras, tiendo yo también la toalla como una vasalla. El truco para estar cómoda encima de las piedras es allanar primero el terreno y permitir que una sola piedra te moleste todo el rato. Si te atreves a quitarla estás perdido porque entonces se te clavan en el cuerpo todas las demás.

En la playa no soy muy habladora. Observo a la gente. Creo saber qué mujeres aman aún a sus maridos, qué abuelos disfrutan de sus nietos, cuáles están hasta el c*l* de ellos, quién es nuevo, quién es un turista, quién un solitario o un soñador. Observo y no digo nada, sólo les invento una historia.

Ya escondido el sol vuelvo a casa con ganas de cuidarme el cuerpo: una buena ducha, un montón de crema hidratante, una rica cena.

A veces, como hoy, me siento en el sofá y miro a la luna, y entonces empiezo a echar de menos no ser aquella mujer que en el mar esta tarde hacía lazos y trenzas con las piernas de él y las suyas...

Después suspiro, me declaro una persona con suerte… y escribo...

(Un beso para cada uno/a...)

10 comentarios:

  1. No soy muy playero. Pero tu playa pinta muy bien. No me van las típicas playas concurridas, llenas de sombrillas, toallas y gente.

    Me gusta más ir por la tarde a la playita.

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  2. La ilusión de mi vida es vivir a 50 metros de una playa y si es poco concurrida, mejor aún.
    Como te envidio
    Un fuerte abrazo
    Nerim

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  3. Me encanto el relato Glora. Muy buen ritmo, magnífico ese gusto por el natural desnudo a la orilla del mar, y estupendo tu "mirar observador". Yo también disfruto observando a la gente. En gran medida son como espejos en los cuales podemos vernos, si queremos y podemos.

    Meditaré sobre esa piedra que siempre hay que dejar para que el resto no moleste tanto... me parece un buen argumento.

    Felicidad y felicidades... y buen día de playa y de observaciones

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  4. Vivo cerca de la playa, pero no a cincuenta metros. Cinco minutos en coche si voy a la playa de los textiles y quince minutos en coche si voy a mi preferida: la playa nudista de Bayas. Lo de la piedra me interesa, aunque por suerte voy a playa de arena. Qué bonito es el verano. Que seas feliz en tu playa, un besín.

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  5. Uhmmmmm querida mía... ahora con mi traslado a Lanzarote podré, por fin, cumplir mi sueño de vivir cerca, cerquísima -porque encima no se puede- de una playa. Eso sí es un lujo!

    Así repetiríamos más a menudo el bañito nocturno de ayer, los paseos playeros, los nudismos pendientes y las miles de charlas que nos quedan...

    Besazos, bellezón, besazos...

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  6. La playa, el mar... Creo que no podría vivir lejos, en una ciudad de interior.
    Aunque no tengo la suerte de vivir tan cerca como tú. De todas formas es una constante en mi vida y ya sea verano o invierno disfruto de ella.
    Un besazo guapa!!

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  7. Que suerte niña!!!! me gusta tu playuca :o)
    Besos veraniegos

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  8. Yo tardo un poco más que tu en ir a la playa, pero tampoco está demasiado lejos. Como tu, hablo poco en la playa, tiene un efecto sedante sobre mi; a veces observo a la gente, otras,me tiendo sobre la toalla, cierro los ojos y me relajo. un besazo

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  9. Que sí, leches, que somos afortunadas. Un trocito de playa, un mar en el que mirarse, en el que zambullirse, en el que refrescarse, o encontrar la paz.
    Y más afortunadas, aún, por la capacidad de disfrutar de todo lo que tenemos.
    Me gusta tu playa, Glora.

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  10. ¿Cuantas veces he sentido lo mismo? Bueno, menos lo de la hamaca (presuntuosa...jajaja).
    A veces no hablo, y a veces hablo demasiado...Según...
    Genial como lo relatas.
    Un beso.

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