31 may. 2007

La escuela

Mi hija me ha pedido, en un intento de ocupar mi tiempo y desocupar el suyo, que le haga un trabajo de sociología que consiste en relatar de forma comprensible y detallada mi experiencia escolar.

Trato de hacerle entender que mis experiencias nada tienen que ver con las suyas y que no está bien que una madre haga esas cosas por sus hijos pero no sé si habrá servido de algo, hoy, antes de irse a la universidad me ha dejado sobre el escritorio un folio cuyo encabezado dice TRABAJO PRÁCTICO DE SOCIOLOGÍA, PLEASE MAMÁ PLEASE!!!!

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Mi primera escuela fue la pizarra del bar de mi padre, entre tapas de pulpos y calamares…

La segunda la de Don Isidoro. Don Isidoro, que en verdad era carpintero, combinaba el hacer puertas y ventanas con enseñar. La clase era uno de los rincones de la carpintería. Las mesas y los bancos los había hecho él. Le recuerdo parecido a un Don Quijote, alto, flaco, y con un lápiz enganchado en la oreja. Recuerdo también los sonidos de la carpintería y el olor de la madera… Recuerdo el momento mágico en el que descubrí que sabía leer…

Más tarde, como ya tenía seis años, fui a la escuela pública. Llegó el tiempo de los uniformes (camisa blanca, falda de cuadros con tiros…). Me viene a la memoria cuando repartían sobres de leche en polvo a la hora del recreo. Qué sensación aquella la de tener la leche pegada al paladar y qué entretenido tratar de despegarla con la lengua.

Qué buenas estaban las gomas milán, y qué rico tener libros, libretas y lápices nuevos.

A veces la maestra me pegaba y si, cuando llegaba a casa, se lo decía a mi madre, entonces me volvía a pegar, porque según ella, por algo me habría castigado la maestra…

También había señoritas que, como vivían allí en la escuela, nos mandaban a las chicas que terminábamos pronto los deberes escolares a hacerle las tareas domésticas. Algunas se peleaban por ir… yo hacía las cuentas despacito…

Una vez vinieron unos señores con unas pruebas... obtuve muy buena nota y me llevé un premio, un libro, el más grande y más gordo que yo había visto hasta el momento: OLIMPIA Y SUS JUEGOS. (Guardado lo tengo como oro en paño).

Todos los lunes tocaba hacer una redacción sobre el fin de semana. Yo repetía una y otra vez la misma: El campo. Ayer fui al campo…

Una mañana me miré al espejo y ¡ya había crecido!. La escuela era la misma pero yo era diferente. Empecé a jugar con lo que aprendía. Medía, por ejemplo, la distancia en centímetros que había de un lugar a otro. De Gran Canaria a Madrid sólo 4 centímetros, aunque después cuando ya sacaron las islas del rectángulo y las dibujaron cerquita de África pasaron a ser nueve…
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No sé, tengo la impresión de que esto a mi hija no le va a servir, estas no son las palabras que ella o su profesor quieren leer. ¡Y yo no sé hacerlo de otra manera…!

8 comentarios:

  1. No se si le servirán o no pero a mi me ha encantado tu escrito. Yo tengo preciosos recuerdos de mi etapa escolar, fue lo mejor; este domingo, al ir a votar, muchos recuerdos han vuelto.Supongo que la imagen que tienen hoy en dia de la escuela nada se parece a la de hace 25 ó 30 años. un beso

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  2. Digo lo mismo que ripley, me ha encantado tu post, me ha gustado muchisimo, me lo he leído 2 veces.
    Me ha hecho recordar muchisimas cosas de mi etapa escolar, que aunque no lo creas no difiere mucho de la tuya, solo un poquito.
    Un fuerte abrazo
    Nerim

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  3. Esa doble condición de don Isidoro, mitad maestro de escuela, mitad maestro carpintero, es seguro, un aspecto sociológico importante. Nada comparado con las altas especializaciones que hoy se perciben.

    Debía pasarlo bien el buen hombre, "desasnando chiquillos" -al decir de Galdós- y haciendo de la madera -naturalmente hermosa- estupendas puertas. Aunque bien mirado, puertas hacía en la mente y el espíritu de aquellos a quienes enseñaba también. Puertas al conocimiento... que no es poco.

    Me gusta tu blog y tu escritura.

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  4. Debería servir, debería serviiiir!! cuando acabe las oposiciones me lo cuentas todo detalladito para ese libro mío sobre escuelas. Qué bonito Glora, tu post y esa escuela con olor a madera... Ufff!! más ganas aún de ser maestra oficial...

    precioso, precioso, sigue escribiendo, porfa!

    un fortísimo abrazo!

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  5. Glora, clap clap clap!
    Una pregunta, tienes una hija en la Universidad :O wwooowww? que bien :oP
    besinessss de 1000 centimetros

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  6. Pues a mí me parece el mejor estudio sociológico que se puede hacer, qué bonito. Mi madre fue mi primera maestra (además de en la vida, en el cole me refiero) y recuerdo mi problema en parvulitos: no sabía si tenía que llamarla "mamá" o "seño".

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  7. pues no, no creo que a tu hija le sirva, pero a nosotros sí para conocerte un poquito mejor. bicos.

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  8. ¡Uf, qué recuerdos!
    No sé si le servirá a tu hija, pero debería servirle, a ella y a su profesor, para conectar la escuela a la vida.

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